Desde que estudié en la Universidad, una de los hechos que más me llamaba la atención era la calidad de las horas de estudio.
Si un día estudiaba una hora, estudiaba una hora.
Si un día estudiaba dos horas seguidas, estudiaba tres horas.
Lo que quiero decir es que empíricamente todavía me sorprendo a mi mismo cuando descubro que si le dedico un tiempo prolongado a una actividad, la calidad del uso del tiempo en esa actividad es mayor cuanto más tiempo utilizo (obviamente hasta un umbral de fatiga mental). Así, la segunda de la horas vale el doble que la primera, por lo que sin ser conscientes, todos (creo) nos preparamos mentalmente cuando queremos efectuar una actividad, y si creemos que no podremos dedicarle un cierto tiempo, ya no nos esforzamos por inicar dicha actividad.
Creo que precísamente ese uno de los principales errores que cometemos en la planificación de actividades. Creer que para acometer una curva de aprendizaje (por ejemplo para aprender-absorver una nueva metodología), necesitamos 80 horas; cuando lo que necesitamos son en realidad 80 horas en series de 4 horas, es decir 20x(1+2+3+4), o sea 200 horas, puesto que en cada serie de 4, la cuarta hora vale 4.